TamboDem es un establecimiento de base pastoril ubicado en la cuenca oeste de Buenos Aires. Trabajamos con un sistema estacional, con vacas Jersey y con un objetivo productivo definido en kilos de sólidos por hectárea, priorizando eficiencia biológica y estabilidad económica.
Gran parte del ordenamiento técnico del establecimiento fue sistematizado en el marco del proyecto Tambo en Foco, desarrollado por el Área de Lechería del Movimiento CREA durante el ciclo 2021–2022. El trabajo involucró a distintas regiones CREA, con establecimientos referentes que abrieron sus procesos para analizarlos y discutirlos en profundidad. La metodología basada en el enfoque por procesos permitió ordenar la información, explicitar decisiones y convertir la experiencia en conocimiento transferible.
En un sistema pastoril, el resultado económico comienza en el manejo del pasto.
Producir: cuantificar la oferta antes de dimensionar la demanda
La carga animal debe ser consecuencia del presupuesto forrajero, no su punto de partida. El presupuesto anual integra la superficie pastoril efectiva, las curvas mensuales de crecimiento de cada recurso, los posibles escenarios climáticos y una estimación realista de la eficiencia de cosecha. No se trata de una proyección teórica perfecta, sino de un orden de magnitud que permita dimensionar el sistema con coherencia.
En nuestro caso trabajamos con una superficie efectiva del orden de 200–230 hectáreas y una producción estimada de 9–11 toneladas de materia seca por hectárea al año, lo que implica una oferta total cercana a 1.800–2.400 toneladas de materia seca. Sobre esa base se define la carga teórica, considerando una meta de consumo del 80–85% del pasto producido y el requerimiento anual por vaca.
Este cálculo no busca exactitud matemática absoluta, sino consistencia estructural. Si la carga se define sin esta referencia, el sistema queda expuesto a pérdida de calidad por exceso de oferta o a deterioro de condición corporal y producción por déficit forrajero.
Consumir: eficiencia de cosecha y control del intervalo
El objetivo no es producir más pasto, sino cosechar más pasto de calidad. Para eso el sistema debe ajustar dinámicamente la carga, la asignación diaria y el momento de ingreso a las parcelas.
Tomamos como referencia tasas de crecimiento primaverales de 45–60 kg de materia seca por hectárea por día, luego una carga objetivo en torno a 3,5 vacas por hectárea efectiva de pastoreo en primavera. Aquí la clave es tener en primavera las vacas necesarias para ser capaces de consumir un crecimiento sostenido del pasto de 50 kg. de tasa.
Para cuidar la calidad de la oferta, es necesario el monitoreo del Intervalo Entre Pastoreos (IEP), indicador que vincula acumulación térmica, estado fenológico y calidad del forraje.
Un IEP demasiado corto reduce acumulación y compromete persistencia; uno demasiado largo incrementa lignificación y disminuye digestibilidad y consumo voluntario. La decisión del momento de ingreso es técnica y tiene impacto directo en la eficiencia del sistema.
Semanalmente se monitorean la tasa de crecimiento, el stock disponible —que suele ubicarse en un rango operativo de 1.700 a 2.000 kg de materia seca por hectárea—, el remanente post-pastoreo y la superficie asignada diariamente, que varía entre 1,5 y 5% del área según la estación. El sistema debe operar dentro de una franja de equilibrio controlado entre oferta y demanda.
Convertir: eficiencia biológica y económica
El resultado final se expresa en conversión. En términos orientativos, el sistema produce entre 250.000 y 300.000 kg de sólidos por año, lo que representa aproximadamente 1.100 a 1.400 kg de sólidos por hectárea y entre 450 y 550 kg por vaca al año.
La eficiencia se analiza a través de la relación entre materia seca ofrecida (a todas las vacas adultas, tanto en ordeñe como secas) y sólidos producidos, con un rango objetivo de 12 a 14 kg de materia seca por cada kilogramo de sólido generado. Esta relación integra consumo real, digestibilidad, balance energético y eficiencia metabólica.
La estructura dietaria típica contempla entre 45 y 55% de pasto, 15 a 25% de reservas y 25 a 35% de concentrado. El concentrado no debe compensar errores de manejo pastoril, sino corregir desbalances puntuales, especialmente en momentos de mayor demanda energética.
Cuando el pasto está correctamente gestionado, el consumo aumenta, la condición corporal se mantiene estable, la reproducción acompaña y la conversión mejora.
Indicadores complementarios
La conversión no puede analizarse aislada de la condición corporal y la dinámica reproductiva. Se monitorean de manera sistemática la condición corporal promedio, su distribución por categorías y su evolución antes y después del servicio. Desvíos persistentes pueden indicar déficit energético estructural, exceso de carga o fallas en asignación e intervalo de pastoreo.
En un sistema estacional, la coherencia entre manejo pastoril y estado corporal impacta directamente en la tasa de preñez y en la estabilidad del ciclo siguiente.
Medir para decidir
Cada establecimiento tiene su ambiente y sus restricciones. No proponemos un modelo universal. Compartimos un enfoque: cuantificar la oferta, ordenar la demanda y medir la conversión.
En sistemas de base pastoril, los sólidos por hectárea no empiezan en el ordeñe. Empiezan en la gestión del pasto.
Aclaración: Los valores presentados corresponden a rangos operativos habituales del sistema y pueden variar según condiciones climáticas y ajustes de manejo de cada ciclo productivo. El objetivo de esta nota es compartir el enfoque metodológico de gestión, más que describir los resultados de un año particular.
El manual de procesos del Proyecto Tambo en Foco está disponible en: https://es.scribd.com/document/691683103/MANUAL-TAMBO-EN-FOCO-FINAL
Imágen de la Jornada Tambo en Foco de la Región Oeste del 4/11/2022 organizado por Tambo en Foco, CREA y TamboDem.
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